Pedazo de estrella

Ayer hubo luna llena, la misma luna que opacaba a tan nítidas estrellas.
Pero hoy solo es menguante, un cielo semioscuro sin ese brillo que irradia.
No como ayer y tal vez no como mañana, por el momento ¡ellas ya bailan!

 

Tus orbes se dilatan, recogen la escasa sombra que ha dejado la noche

y se pierden con los míos, sucumbiendo a la luz de mi frenesí sigiloso

(esas pequeñas ya no son más tu séquito insaciable, de adorno).

Y brindemos con champagne por nosotros: ni fugaces, ni constelaciones.


Algunas estrellas ya extrañan a la vieja luna, otras cerca de planetas se refugian,
y las restantes siguen danzando hasta reclamar nuevamente lo suyo.

De luto

Lo conocía. Jamás quise ser inmortal entre sus deseos,
sin embargo, se ha convertido en el dueño de mis pesadillas...

 

Endeble a este coraje afónico, su nombre es como el mismo infierno.

¡Que aborrecible este resquicio, linda muñequita!

No hay ausencia tan pronunciada como el silencio propio,

ni luto tan grande en comparación.

Me he preguntado hasta el día de hoy,

¿Cómo es que hay tantas formas de morir para alguien que ya está muerto?