Vaca-Vaca Muuu Vacaciones

29.7.2017

Hace ya tres meses que salí de vacaciones, después de trabajar por más de un año corridito sin descansar. En abril cumplí cuatro años en la empresa y decidí tomar el descanso que correspondía del año pasado. Esta vez me preparé para ello, tanto emocional como económicamente. Necesitaba salir de casa porque tenía muchos problemas con mi familia, y es más que obvio que laboralmente necesitaba también un respiro. Ni para qué hablar del estrés al que estaba sometida, pero de lo que SÍ quiero hablar es de mi aventura… o el intento dé.

 

Mi plan fue el siguiente: Ir al bello Guadalajara y de regreso, llegar a Mazatlán y Culiacán, hasta finalmente caer en donde estoy. Consideré viajar en avión, pero ni el horario ni la distancia jugaron a mi favor. Cubrí las reservaciones de los hoteles a los que había decidido llegar. No soy muy amante de las tarjetas de crédito, pero, a pesar del efectivo con el que contaba para mis gastos personales, decidí llevar una en caso de “emergencia”. 

 

Algo muy importante que nos les he comentado es que mi viaje lo realicé sola. Si algún día se te presenta la oportunidad, ¡HAZLO! Es bastante enriquecedor y lo disfrutas mucho, todo va a tu ritmo y eso a uno que otro nos gusta.  

 

¿Y bien? Retomando el tema… Doce horas hasta Zapopan… todo muy aburrido. Me reencontré con mi hermana (ahora peliblanca, insisto, le venía mejor su cabello castaño) y mi cuñado al llegar y ambos me acogieron en su pequeño departamento. Hace harto tiempo que no los veía. Para no hacer esto tan largo, prácticamente nos la pasamos entre centros comerciales como la Magno, Andares, Galerías, etc., buscando videojuegos, figuras coleccionables, pseudoleyendo libros con portadas bonitas y contenido basura, choteando las películas ilustradas en la cartelera del cine, y así, pormenores con tinte ñoño. Nuestra risa estilo sinaloense se perdía por los extensos pasillos que nos rodeaban. Las cafeterías también fueron nuestro blanco. Una muy buena está en la Plaza Magno, creo que se llama Samadhi. La recomiendo. Tampoco podía faltar el darnos una vueltecita por el centro, principalmente para  apreciar el arte “callejero”. Siempre encuentras a alguien que derrocha talento y te roba un pedacito de tu vida.

 

 

Yakitory fue una buena opción para comer a pesar de las críticas que leí por Internet. Sin embargo, lo que más tengo presente es una noche en la terraza del departamento. Los tres conversamos de todo, comiendo chucherías, señalando edificios… Creo que eso fue lo que más me gustó, además, el clima fue un compañero estupendo, nada que ver con el calor que se sufre por estos rumbos.  En pocas palabras: la noche fue grata.

 

Lo admito, extrañaba a mi hermana. Lamento hasta hoy el no haberme quedado un poco más. Guadalajara siempre ha sido un lugar fascinante, a pesar de lo último que miré de esta antes de caer rendida en el autobús de regreso que tomé en Tlaquepaque: una escena de crimen. Una persona sin vida tendida en el puente (al costado de la Terminal de Zapopan, aquí la noticia). Vaya forma de comenzar un lunes y concluir el viaje a esa encantadora ciudad.

 

Mazatlán es como mi segundo hogar (toda la familia de mi mamá vive allí). Desde que tengo memoria hasta la fecha, su malecón ha sido atractivo y nunca me ha pesado perder horas estando allí. Es uno de mis lugares favoritos y por dicha razón, traté de llegar a un hotel que estuviese por la zona. Y así fue. Ramada es uno de los hoteles a los que ya había llegado en su momento y es de los pocos que me han ofrecido una bonita experiencia por el precio que manejan. No, no me pagan por decirlo ni recibo algún otro beneficio, simplemente me apeteció nombrarlo.

 

 

Me moría por descansar en mi cuarto de tan largo viaje que se me hizo desde Tlaquepaque, pero también quería saludar a la familia y después perderme por allí. Quedé sorprendida al ver a mi abuela más delgada y recuperada (se fracturó la cadera hace meses), y entre tantas anécdotas y cosas que no pasaron a ciencia exacta, la invité a comer. Creo que es lo mínimo que merece después de todo lo que ha hecho por mí. Vacilamos, reímos, olvidamos los detalles dolosos de sus hijos y los problemas que ellos mismos ocasionaron y consumieron a mi madre. No tuve ganas de verlos y ni me importan en lo absoluto, solo quise estar un rato conviviendo con una agradable viejita. ¿Alguna vez han entablado una conversación con un anciano? ¿No? Se pierden de mucho. A diario atiendo pacientes ya mayores en el laboratorio y son un amor. Ya había pasado más de un año sin ver a dicha mujer.

 

Sin caer en lo narcisista, soy alguien relativamente sencilla en gustos. El centro de la ciudad es feo y se apetece salir de ese lugar lo más rápido posible…. ¡AH! ¡¡Pero allí me encontraba!! ¡Comprando llaveros para toda la raza! ¡Atascándome de fruta con chile! Tan típico de un foráneo. Otros lugares que no podían faltar y que ya los conozco a la perfección son la Gran Plaza, Ley del Mar, Olas altas y la Plazuela República como también la Machado. Tenía un antojo terrible de ir a comer a la Ruta Vegana, todo está muy bueno y el ambiente es excelente. Lamentablemente, el horario del local me jodió. Se perdieron de un cliente con un apetito voraz #foreverfat. La Plazuela Machado, en definitiva, es una joya en la ciudad. Su ambiente nocturno es bastante acogedor y como soy una persona tan original, única y diferente, podrían encontrarme en una de sus cafeterías (se me olvidó su nombre, lástima, era un café que no le pedía nada a otro, con leche de almendras y con un toque de menta… exquisito) disfrutando de la música y el baile de mi alrededor. Por otra parte, el mar de noche es inspirador. Su límite no es visible como lo tenue que es de día y ser testigo de ello fue todo un deleite, sin importar dónde es que me encontrara parada, ya sea en el propio malecón o desde el Oyster bar, ¡Salud!

 

Cambiando de tema, la única razón por la que llegué a Culiacán fue para saludar a viejas amigas y conocidas que hace tiempo no miraba desde que me gradué y abandoné la ciudad para residir en Los Mochis y dedicarme a ejercer mi profesión. Viví seis años en esa ciudad, los suficientes para pensarla dos veces antes de regresar. Reunirme con las chicas fue muy bueno para mi salud mental. Todas fuimos cómplices de nuestros desahogos aún cuando la comida de aquél lugar (Emporio) fuera terrible. Ya no hacen el sushi como antes, que triste. Pasaron las horas y el cansancio nos venció y muy a pesar nuestro, tuvimos que decir adiós. El hotel al que llegué no era ni cómodo ni mucho menos lujoso, si llegué a Maxihotel fue por mera cercanía al centro y su precio. Casi toda la noche me la pasé lidiando contra un mosquito, con un miedo latente de que me enfermara de dengue otra vez (ya van dos ocasiones).  Abandoné Culiacán y volví a sentir esa sensación que uno tiene cuando hace lo correcto y no me malinterpreten, pero no me gustó ni terminará por gustarme la violencia que muchos juran y perjuran que “no es para tanto”. Del otro lado de la moneda, conocí a personas maravillosas, experimenté la independencia personal y fue allí donde mi interés hacia los animales escaló un nuevo peldaño, convirtiéndome en vegana.  Me divertí pese a tantas cosas por las que pasé.

 

Y como si se tratase de Cenicienta, la magia se acabó al regresar a la realidad. Me sentí completamente desempolvada y lista para retomar lo que había dejado. Ahora, ya estoy planeando mis vacaciones de este año para finales de noviembre, ¡¡Para que la aventura continúe!!

 

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