Pseudointelectual a la vista... ¡¡No disparen!!

21.8.2017

 

Últimamente, gracias al gran auge que tienen las redes sociales, la interacción entre las personas ha escalado gigantescos peldaños y su límite va más allá de la geografía, facilitando el aprendizaje mutuo, además de la expresión y el reconocimiento que se tiene por naturaleza en muchas de ellas.

 

Personalmente, llevo un poco más de catorce años en esta encrucijada y si bien el famoso LatinChat y Messenger contribuyeron con mis ganas de socializar siendo muy introvertida, realmente fueron los foros por Internet los cuales me ayudaron, de cierta forma, en ser un tanto más efusiva con la vida (era una adolescente... ya saben) y tropezarme con personas increíbles que aún contacto. También interactué con gente sumamente desagradable y conforme se acrecentaban los medios de comunicación, era más sencillo encontrarla. Pese a eso, he sido tolerante hasta con la última tribu que ha surgido tras agresiones y falta de sentido común: los pseudointelectuales de las redes sociales.

 

¿Alguna vez has sostenido una conversación con alguno de ellos por estos rumbos? Un pseudointelectual es ególatra por excelencia. Puntualiza cada logro obtenido en su vida personal, académica y/o laboralmente. Tiene una necesidad de hacerlo. Algo muy común de éste es enumerar y describir todos los libros que ha leído desde que tiene uso de razón, y además, recurrir frecuentemente al discurso clasista ante quienes usualmente prefieren ver televisión, aún si también comparten el gusto por la lectura. Se inunda de música sofisticada. La lluvia simboliza su calma y el café amargo no hace más que pasar por alto los inconvenientes de ella, así, la lectura se convierte en su único rincón y escaparate de este mundo, mismo que desentona con su realidad y deja en claro que su nacimiento debió efectuarse dentro de los próximos mil años, ya que la época en la que vive no parece merecerle.

 

En cuanto a uno de las tantas maneras de entretenerse por Internet, tiene un serio problema con la mayoría de los youtubers. En su momento de ocio, crea una página en Facebook criticando precisamente a los “intelectuales” de hoy en día (que ironía), sintiéndose con todo el derecho de exponer, en base a estereotipos absurdos, a cualquiera que sea manifestante. Utiliza las redes sociales para quejarse de ellas (doblemente irónico). Ya sea desde una cuenta pública o personal, sus mensajes son sarcásticos (en uno o dos idiomas) cuando se siente atacado por otros.

 

Hay momentos específicos donde se vuelve más desagradable y esto es cuando interviene en ciertos debates. No repara en la negociación. Generalmente es hostil, grotesco y alude la credibilidad de cada argumento con una ortografía cuestionable. Por ejemplo, se burla de los veganos y cualquier movimiento que extienda su oposición a la explotación y maltrato animal, señalando que, es la moda de estos últimos años e ignorando que hay personas que llevan más tiempo de lo que este pseudointelectual conocía el concepto. También está en contra del feminismo “de la tercera ola” y adquiere en su vocabulario la palabra “feminazi”, degradando cualquier actividad por justa que sea. Seguido victimiza a los hombres de una marginación implícita tergiversando los ideales que sostiene el movimiento y, cualquier acto que denigre a la población femenina, pasa a segundo plano.

 

Es necio y amante de enfatizar los defectos de cada persona, pero lo es aún más en las  profesiones de otros, convirtiéndolos en el chiste para la suya o carreras afines, pero no en cualquier chiste, sino en uno que no sea tan “plebeyo”.

 

El pseudointelectual no se considera ateo, pero tampoco es muy creyente, mucho menos cuando ofende y reprende a quienes sí lo son. Por otro lado, sataniza los embarazos de mujeres jóvenes, humillando públicamente a todas aquéllas que decidieron continuar y concluir con esa etapa.

 

En cuanto a la política, se mofa del gobierno que tiene, pero de una forma sutil para no dañar su imagen y evitar que lo diversifiquen en etiquetas de izquierda. Acarrean con un apuro de corregir, desalentar y ejercer poder sobre otros, entorpeciendo y minimizando los vínculos que llevan a una relación exitosa.

 

 

 

“Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos”. Francisco de Quevedo.

 

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